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Los Oráculos
El Extranjero
Me llaman extranjero
y desconocen mi lengua.
En las calles de Edjelé
y en los zocos miserables de Kasãr,
con ruidos, pesos, medidas...
Apostados en las esquinas, murmuran:
¡Tanto silencio no es bueno!
¡Seguramente oculta algo!...
Y son razonables y justos,
y sus palabras tienen
sabiduría de siglos.
Contemplan mi silencio,
contemplo sus costumbres.
En los zocos de Edjelé
y en las calles miserables de Kasãr.
Y me llaman extranjero,
y desconocen mi lengua...
El ara
Acechando a las aves,
al amanecer el alba.
Por si a los dioses plugieran
tórtolas enamoradas.
Por si fuera preciso,
ya el ara prendida,
el lecho de olivos y los signos cabales...
De cábalas
De cábalas y mármol son tus venas, tu vientre.
Rendido,
como una bestia laxa sobre el heno,
dormitas. Cansado,
los párpados carmines te delatan.
¡Depredador de aves!
¡Embaucador de sombras!
¡Equívoco hacedor de fábulas y cantos!
Exacta el alba
al gallo enamorado del albor,
¡exacta la ballesta de tu ira!
De cábalas y mármol son tus venas, tu vientre...
Clepsidra
Más allá de la ira,
mas allá del amor,
el tacto de tu frente arruga el aire.
Como la mar, en tus ojos
se riza ya el azul...
Clepsidra de légamo y papel.
En cárcel de cristal se cansa el tiempo...
Los nombres
Y bien pudiera ser
que tras esta larga noche inacabable,
nada hubiera.
Detrás
de estas sombras imprecisas,
de este fuego, de estas ascuas,
de esta luna
y estos astros encendidos,
nada,
más allá de los nombres...
La hetaira
Y aguardas, de nuevo, su llamada, su señal,
los días faustos, los augurios favorables.
(Oh esa dulce hetaira! (Esa hermosa mujer
de negrísimos cabellos venida de Ecbatana!
Y cierras como un saurio
tus ojos de cristales.
Ishtar
Con densas lianas de saliva
y vientres tumultuosos
pudiera comunicarse...
Con pasos presurosos
bajar de su morada.
Pudiera,
¡oh dulce Ishtar!
Por trazados caminos, allá donde los hombres.
Minotauro
¿En qué mares?
¿Qué ciénagas? ¿Qué islas?
¿Por qué dédalo confuso tu memoria?...
Dulces ofrendas eran, en verdad, aquellas vírgenes,
aquellos lomos blancos donde pacer los belfos,
aquel fiero desmayo creciéndose a las espigas,
(conforme tu vigor a tu voraz espera...)
Y no cábalas, mitos,
y no fútiles historias:
la mar, apenas comprendida en los relatos,
en blandas oleadas al tacto de sus vientres.
Unido por el vientre,
humanamente humano
¡qué mares!
¡Qué ciénagas!
¡Qué islas!
¡Qué vertiginosos ayes evoca tu memoria!
Cancerbero
¡Cancerbero feroz
de triples ojos fieros y triple dentellada,
de triple yugular y triples fauces abiertas,
de triple llaga roja y triples belfos heridos!
¡Oh húmeros inciertos!
¡Oh huesos desleales!
¡Oh cumbia de vértebras en pánica fuga!
¡Refluye! ¡Brinca! ¡Gime! ¡Rota!
¡Azuza! ¡Esparce
las cenizas!
¡Horada las tinieblas! ¡Escarba
duro el pecho, el vacuo
vientre inane!
¡Cancerbero voraz! ¡Feroz cerbero!
Moloch
Eran las largas noches,
la entrelargas penumbras, la herida
que ya bosteza tedio,
y Moloch,
el ojo viejo triste de Moloch, y ya
para tantos y tan largos años de tristeza,
y ya para tantas imposibles alternativas.
Y Moloch, el viejo loco de Moloch que exige la diaria sinecura:
porque Moloch ya es viejo y le es dulce la sangre del hombre,
porque Moloch ha enloquecido,
y le es dulce la sangre que espesa en su vientre,
más dulce que el seno de nieve y el lecho de Ishtar,
más dulce que Tanit la sangre a los dioses caducos.
Tiresias
Y a sus cuencas llegaban en potentes latidos las aves...
Desde Nínive, Menfis, Megara, Persépolis, Luxor,
a Tiresias de Cadmo creyéndolo bueno
para albergar largos años sus tiernas inmundicias.
Buey triste... :
¡todas las brisas ciegas te poseen!
¡Todas las sombras ciegas te cabalgan!.
Los mediodías doran
tu vieja condición de pergamino.
Anciano, ya te cansaste
de tanta entraña en flor y sexo en vilo.
De esa laxa acritud, blanda barrera para el vuelo,
y eréctil potestad que en la caída
multiplica hasta el absurdo, innumerables, tus arenas.
De ese gong histérico, clamor inútil que restalla
desde el pulso febril de los eunucos
anunciándonos la hora de nadie y para nadie
(Pacientemente,
buscas un número propicio a tu cansancio)
Y el monótono augurio:
las mismas hojas, las mismas lluvias,
los mismos mares eternos.
¡El mismo consuelo de las aves...!
Los oráculos
¡Oh tristes de tanto evocar los tiempos perdidos!
¡Cegasteis en vano!
En vano la túnica gris, aroma de herrumbre,
todas las bárbaras luchas nunca presentadas,
e incluso las dulces rendidas.
En vano...
¡Algún bufón del Olimpo, creyéndoos en vida, os quitó las mortajas!
Y el oráculo recita su adagio en lenta cantiña:
¡las tierras, las aguas, los astros!
¡Los oscuros y distantes universos!
¡Todos los viejos nombres sabidos desde siempre!...
Sirenas
Y, libre, enhiesto, erguido junto al mástil.
No con trabas ni groseras ataduras,
no sujeto a los palos de mi nave con hilos
torcidos e invisibles, resistiré en calma. Firme
mi voluntad, crecido en el ardid y el infortunio,
oiré, sin enloquecer, cantar sus voces.
Y si, errados mis sentidos, viniere a abandonar
la segura cubierta de mi barco, si, confuso,
me arrojara tras el alma por la borda.
Si ésta es vuestra amarga condición. Si voraces,
vuestro canto tan dulce es un señuelo.
Si con dientes diminutos contempláis
mi vientre henchido, la caja de Pandora
de mi pecho, mi cansado corazón
dorado como un fruto en el otoño.
Si a la postre todo es canto de sirenas
al cabo, ¡qué más da!
¡Amor o festín!
çEnamorado. Enamorado...
Sísifo
Y raptado por Hermes, devuelto a los infiernos,
fundido a la piedra con amorosos brazos,
divisas, allá distante, allá donde las nubes,
allá donde de las nieves, la cima donde expiran
tus esfuerzos y tus esperanzas.
Y te afanas empujando la piedra con tu pecho,
con tu médula ósea, tu frente mineral,
con tu sangre embarrada, tus zarpas de lignito.
El hombre
Como la voz que adolece soledades,
como la voz que adolece, hermano,
por el cálido Simún de los desiertos:
cruel y puro, hermano.
Traba de sangre en caudalosa geografía,
cuentan que, en las noches,
se abandonaba sobre el duro pezón de felinas cordilleras,
sobre bravíos senos,
sobre el combo vientre de feracísimos valles.
Amigo del vómito,
amigo secular del universo
donde un viento desolado lo proclama tierno y fuerte,
señor
y creador de la palabra,
tanto mas humano,
tanto mas culpable cuanto mas creador.
Sobre Jarkow, Potosí, Anahuac, Taoke,
Addis-Abeba,
extiende sus doloridos miembros:
desnudo sobre el mapa,
el gran dominador de las Naciones.
Y dicen
que nació,
que vive entre nosotros,
que es de entre nosotros...
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