info@elacabose.net • Guillermo López Lacomba 

 

 

                                                                                                                                                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ACABÓSE   

 Publicación periódica

con gacetilla literaria

 

 

 

 

 

Kavahfis

 

 

 

 

 

LA CIUDAD

 

 

Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.

 

Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.

 

Todo esfuerzo mío es una condena escrita;

 

y está mi corazón _ como un cadáver _ sepultado.

 

Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.

 

Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire

 

oscuras ruinas de mi vida veo aquí,

 

donde tantos años pasé y destruí y perdí".

 

Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.

 

La ciudad te seguirá. Vagarás

 

por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo

 

y en estas mismas casas encanecerás.

 

Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar _no esperes_

 

no hay barco para ti, no hay camino.

 

Así como tu vida la arruinaste aquí

 

en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.

 

 

 

 

 

 

 

ESPERANDO A LOS BÁRBAROS

 

 

 

_¿Qué esperamos reunidos en el ágora?

 

Es que los bárbaros van a llegar hoy día.

 

_¿Por qué en el Senado tal inactividad?

 

¿Por qué los Senadores están sin legislar?

 

Porque los bárbaros llegarán hoy día.

 

¿Qué leyes van a hacer ya los Senadores?

 

Los bárbaros cuando lleguen legislarán.

 

– ¿Por qué nuestro emperador se levantó tan de mañana, y está

 

sentado en la puerta mayor de la ciudad sobre el trono, solemne,

 

portando la corona?

 

Porque los bárbaros llegarán hoy día.

 

Y el emperador esperar recibir

 

a su jefe. Y más aún ha preparado

 

un pergamino para dárselo. Allí

 

le escribió muchos títulos y nombres.

 

_¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores salieron

 

hoy con sus togas púrpuras, bordadas;

 

por qué se pusieron brazaletes con tantos amatistas,

 

y anillos con magnificas, brillantes esmeraldas;

 

por qué toman hoy día valiosísimos bastones

 

en plata y oro espléndidamente labrados?

 

Porque los bárbaros llegarán hoy día

 

y tales cosas deslumbran a los bárbaros.

 

_¿Por qué tampoco los valiosos oradores no acuden como siempre

 

a pronunciar sus discursos, a decir sus cosas?

 

Porque los bárbaros llegarán hoy día;

 

y los aburren las elocuencias y las arengas.

 

_¿Por qué comenzó de improviso esta inquietud

 

y confusión? (Los rostros qué serios que se han puesto.)

 

¿Por qué rápidamente se vacían las calles y las plazas

 

y todos regresan a sus casas pensativos?

 

Porque anocheció y los bárbaros no llegaron.

 

Y unos vinieron desde las fronteras

 

y dijeron que bárbaros ya no existen.

 

Y ahora qué será de nosotros sin bárbaros.

 

Los hombres esos eran una cierta solución.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando despierten

 

Trata de guardarlas, poeta,

 

por más que sean pocas aquellas que se detienen.

 

Las visiones de tu amor.

 

Ponlas, medio ocultas, entre tus frases.

 

Trata de retenerles, poeta,

 

cuando despierten en tu mente

 

en la noche o en el fulgor del mediodía.

 

 

 

 

 

 

 

 

Fui

 

No me ligué.

 

Por entero me liberé y me fui.

 

Hacia goces que estaban

 

parte en la realidad, parte en mi ser,

 

en la noche iluminada fui.

 

Yo bebí un vino fuerte,

 

como sólo el audaz bebe el placer.

 

 

                          

 

 

 

 

 

 

Ítaca

 

Cuando empieces tu ida hacia Ítaca,

desea que el camino sea largo,

 

lleno de peripecias, lleno de conocimientos.

 

A los Lestrígones y a los Cíclopes, 

 

al encolerizado Poseidón no temas,

 

tales cosas en tu camino nunca las encontrarás,

 

si tu mirada permanece alta, si una escogida

 

emoción a tu alma y a tu cuerpo les guía.

 

A los Lestrígones y a los Cíclopes,

 

al fiero Poseidón no los encontrarás,

 

si no los llevas dentro de tu alma,

 

si tu alma no los coloca delante de ti.

 

 

Desea que el camino sea largo.

 

Que muchas sean las mañanas estivales

 

en que con cuánta satisfacción, con qué alegría

 

entrarás en puertos por primera vez vistos.

 

Haz un alto en los mercados fenicios,

 

y adquiere hermosas cosas,

 

nácares y corales, ámbares y ébanos,

 

y sensuales perfumes de todas clases,

 

los más abundantes y sensuales perfumes que puedas.

 

Visita muchas ciudades egipcias,

 

aprende y aprende de los instruidos.

 

 

Siempre en tu mente ten a Itaca.

 La llegada a allí es tu destino.

 

Pero no precipites el viaje en absoluto.

 

Es mejor que muchos años dure.

 

Y que, ya anciano, arribes a la isla,

 

rico con cuanto obtuviste en el camino,

 

sin esperar que riquezas te dé Itaca.

 

 

Itaca te dio el hermoso viaje.

 Sin ella no hubieras emprendido el camino.

 

No puede darte nada más.

Aunque la encuentres pobre, Ítaca no te engañó.

 

Tan sabio como te has hecho, con tanta experiencia,

 

ahora ya habrás comprendido qué significan las Itacas

                  

              

 

 

 

 

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