Remiendos
(A César Vallejo)
¡Pobre César Vallejo!
¡Qué bien moriste es París!
Ya nadie sabe zurcir,
¡no hay nadie para un remiendo!
Está al llegar
Está al llegar la noche,
se acerca, silente, por el vado,
¡asiéntate! ¡Alumbra! ¡Toma aliento!
¡Modera tus latidos! ¡Finge calma!
¡Objeta estar aojado! ¡Mal de amores!
¡Aduce tus razones, estar ausente!
¡Estar cansado! ¡Estar herido! ¡Pide tregua!
¡Arguye la conjura de los astros!
¡Aduce un caracol lento en la nuca!
¡Las duras embestidas de la bestia!
Está al llegar la noche...
Comedia
Ya sólo quedo yo
fingiendo la comedia,
fingiendo que mañana viene cierto
Que tengo tiempo aún,
que sólo toso un poco,
que dentro de unos días llega Marzo.
Que tiran con champán,
que aún disparan salvas,
que me darán cuartel.
Que la luz que me rastrea es ya la aurora.
Que siempre está la luna...
Y cómo
Y cómo deciros que me fui,
que vuela doblando el cinturón,
que llora mi pena mi zapato,
que me ladran sus peces en la pecera.
Que he entrado
en guerra con mi pie,
que ya no cabe
más noche en la alacena.
Que, en este bar infecto
han mezclado la luna con coñac.
Así...
Así imploro, así emprendo el vuelo.
Así miro a tus ojos, así caigo en barrena.
Así me hago a la mar, así devengo en olas.
Así salgo a la calle, así pido limosna.
Al malo su piedad, su buen consejo al tonto.
Al necio discreción, al corazón razones.
Así el ya no más y aquí me quedo.
Así me desbarato, así me recompongo,
me anudo torpemente al cuello el beso.
Así toda la nada, así la desmesura.
Así saludo al aire, así la voltereta.
Así reparo en lunas y pienso con tres frentes.
Mientras hallo
Y mientras hallo mi último acomodo,
doy clases adonde quiera que voy:
llanto a la fuente, gemido al aire,
galope al jaco, temblor al corzo.
Tristeza al saurio.
No sabes
No sabes, amor, lo que me cuesta
ponerme los ojos a la mañana,
abotonarme al pecho las estrellas.
Dar de mí, dar de sí,
vuelta y vuelta al fuego el corazón,
atar la soga al cuello.
Planchar la mueca de mi boca,
hacerme de nuevo la sonrisa.
Disputar a las ranas cada charco.
Aquí me declaro
Por llegarla a ver me descalabro,
por mostrarle lealtad, aquí retozo.
Aquí aúllo y ladro, aquí brinco de gozo
y corro por mi amada tras un palo.
Aquí renqueo, aquí me pierdo un ojo.
Aquí erizo el rabo, aquí me rompo un hueso.
Aquí, ojiquebrado y patituerto,
aquí hallo sus pies, aquí restriego el lomo.
Aquí me declaro enamorado.
A todo trapo
Al igual que ayer, y como ayer, también,
zozobro, afirmo y niego, sumo, arrastro,
entro y salgo, oro y me desdoro,
callo y clamo, me anudo y me desnudo,
me hago y me deshago, me digo y me desdigo,
inapetente, voraz, lúcido y ciego,
¿qué pálpito, qué alumbre, qué pálida aurora?
¿Qué llegar, qué besar el santo, qué echar raíces?
¿Qué número primo, qué común divisor?
¿Qué pasar factura, qué partir en dos la cuenta?
¿Qué pedir repetir, qué impugnar su victoria?
¿Qué pánico, qué fuga, qué mutis por el foro?
¿Qué tregua? ¿Qué pacto? ¿Qué luna ni arco iris?
¡Dolor! ¡Dolor! ¡Dolor a todo trapo!
¡Dolor! ¡Dolor, con todo mi esqueleto!
Al verte
Al verte canta el gallo,
madruga la mañana,
escalan sus notas los jilgueros.
Labora la cigarra,
solazan las hormigas,
liberan su presa los halcones.
Por ti, fluyen los ríos,
se atreve la gacela,
ora el lobo a tus pies arrodillado.
Alumbra el pez, crecen los panes,
camino sin dudar sobre las aguas
y preparo por ti mi crucifijo.
Por ella
Por ella ciego ahora.
Por ella hinco espuelas.
Por ella crezco el pecho y pierdo frente.
Por ella rizo el rizo. Por ella me deshago.
Por ella afronto bulos,
tengo a Newton colgado de un madero.
Por ella hay dos lunas.
Por ella yerra el astro su trazada.
Por ella pasta el ciervo, embiste el toro,
arden en celo prendidos los cometas.
Por ella estoy emboscado en los portales.
Por ella me enamoro cada día,
parto el pan en paz con mi enemigo.
Por ella sufro.
Por ella estoy en guerra,
por ella soy clemente.
Por ella ando en disputa con mis huesos.
Por ella he probado la manzana,
he firmado, a la noche, el finiquito
y me he deshecho de mi ángel de un plumazo.
Picasso
Ayúdame, por hoy, a componer
buenamente, como pueda, este Picasso:
haciendo de proa, el esternón;
batiendo sus palmas, las costillas.
Las orejas, al mismo lado, encima los quevedos,
plegados por el vientre, los intestinos,
la espina, donde tercie; el páncreas, donde encaje.
La tibia y el peroné entre las cejas.
Aquí, el ojo; a dos tercios de la boca,
torcida y medio lela, la sonrisa,
reinando, agreste, la nariz.
Al lado del tintero y de la pluma,
la luna con dos senos
y el pecho donde estuvo tu retrato.
Suerte de varas
¿No habrá paz a la bestia que te implora
que derrota, lagrimea, se empezuña,
mas cada madrugada entra al trapo?
Que aguanta firme
porque es suerte de varas.
Que porta banderillas porque es fiesta.
Que se abre por mostrar mejor el camino:
dónde el torso, dónde el cardias,
dónde la muerte...
Que, tozuda,
arrastra por la arena el corazón.
Silencia y calla
Silencia y calla la muerte su certeza,
la luna su desliz, la noche la alborada,
el sol el mirabel, extinta luz el ojo,
el ciego su bastón, la puta su saliva.
Ignora y sabe la piedra su quietud,
la rosa su aguijón, el fraile su tonsura,
tristeza el cielo gris, sabor amargo el mar,
la lluvia la ventana, el corazón cristales.
Muestra y oculta la frente su desdén,
la llave el carcelero, la virgen estar encinta,
la copa su veneno, la vieja su guadaña.
Niega y afirma rendido amor el pecho,
estar viva la muerte, la muerte haber vivido,
ser dulce la serpiente, ser ave ruin la alondra.
Mentira por mentira
Mentira por mentira, a nada quepo,
a nada corazón, sino a dos ascuas,
a dos dientes, a dos mármoles, a dos fríos,
a dos labios, a dos frentes, a una pluma...
Bajura por bajura, a nada llego
donde te alcance a ver. Al estrago.
Al caño de la fuente, si me empino.
A desatar con tino tu zapato...
Tristeza por tristeza, todo crece:
la zarza, el ciprés, el crisantemo,
el escualo, el ofidio, la verruga.
Mentira por mentira, el corazón.
Bajura por bajura, el besapiés.
tristeza por tristeza, la serpiente.
Ven
Amada mía, ven, a anudarme las venas,
a entablillarme el ala, a componer mis huesos,
con tus negros carbones, tus yerros y tu fragua,
a gravarme tu enseña, a anillarme tu anilla.
Llámame. Ven a verme mientras dura la noche.
Malquistados los cielos, enemiga la mar,
a reinar donde reinas, a montar el amor:
ese potro castrado, ese caballo yerto.
Apresúrate y ven, que terminan mis plazos,
mientras juegan borrachas las parcas mis ropas,
a clavar tus rejones, ¡qué rotunda la muerte!
Ven, amada mía, a romper las cerrajas.
¡Qué fracaso la aurora! La noche, ¡qué sombría!
¡Qué inconsolable el sueño! ¡Qué febril la ventana!
Hoy no quepo
Hoy no quepo en mí de tanto asombro,
¡tanta la suerte! ¡Tan nuevo su calzado!
¡Tan galano el pie! ¡Tan lindo su entrecejo!
Que adelanto cucamente,
a cada trino,
por si viene, por si acaso,
una hora mi reloj.
Quiebro al verde,
envido al rojo.
Silbo a la luna,
¡y dejo a la jauría que me ladre...!
De resultas
De resultas
de que es Julio, de que es lunes,
de que es tarde, que es temprano,
de que llueve a gusto de muy pocos.
De resultas
de que el ave se ha perdido en pleno vuelo
y se halla ensimismada con su sombra.
De que quién no tiene un móvil
de que quién no escupe un lapo,
de que quién no crucifica el pan,
de que quién se acuerda de ayer mismo.
De que he llamado en el día más nefasto,
de que llego a sus puertas en mala hora,
de que toco a rebato cuando es toque de queda.
De resultas de todas estas razones,
y de otras muchas que no alcanzo,
de que tiene la rana un nuevo amante.
Reparten picas donde allende corazones,
por decir: ¡amor!, escribo mi epitafio
y, rendido ante ti, caigo de bruces.
Trenza
Trenza y trenza azul.
Trenza para hallarte.
Trenza y mar abierto donde yazgas.
Trenza al naufragio,
trenza en tus navíos por enseña.
Trenza donde asirse a la mañana
con pecho, con labios, con frutos, con el beso.
Trenza con diez manos. Trenza a la noche.
Trenza cuando llueve.
Trenza cuando a malas se ponen los cristales.
Trenza para el llanto.
Trenza extrema a la aflicción.
Al pecho enfermo, trenza.
Trenza y trenza doble a la ternura.
Nesciente corazón
¡Nesciente corazón!
Errado, bufo, zurdo y ciego.
A ritmos estrafalarios, a golpes
iridiscentes,
a estrábicos quejidos,
a tórtolas y abrojos,
a tumbos de campana,
a sones venerables.
¡Nesciente corazón!
¡Mirífico animal!
¡Bestia cautiva!
¡Oh el amor!
¡Oh el amor!
¡Oh la estaca!
¡Oh el trino! ¡Oh el árbol y el arroyo!
¡Oh el perro, el gallo, el mono y la serpiente!
¡Oh perro, de tanto apaleado!
¡Oh gallo, de clamar tanto la aurora!
¡Oh sierpe, de tanto como arrastro!
¡Oh mono, de tanto como infiero!
Uno
Pues, en aquella esquina, sufro.
Decúbito supino y de pie,
aquí, sufro, enhiesto sufro,
abajo, sufro.
Y sufro por activa y por pasiva,
y sufro, por lo mismo, en mi pizarra,
y sufro con la tiza y el reloj,
y sufro, amada mía, con el cero.
Y sufro con el tres restando al cuatro,
con el pobrecito uno
que implora, que está triste,
que esputa, que tose,
que está desde hace días
solo
y enfermo de su pecho.
Y cada día
Y cada día el sol
mintiendo la mañana,
mintiendo a los grandes mirabeles.
Mas sólo hay noche.
Tal su ausencia. Tal el frío.
Tal la lluvia,tal el peso,
tal su amado calcañar.
Tal la urdimbre terrible de la sombra.
Al fin enfrente, amor
Al fin enfrente, amor, del desatino,
de mis astas perdurables, mi memoria,
mi dolor diminuto, mi migraña.
Del cáncer que me crece a cada tarde.
De la médula espinal,
el atlas, el axis.
De la pata trasera, la rodilla.
Enfrente, al fin, del címbalo curioso,
del torpe pelotón de fusileros,
del tiro simpático en la nuca.
¡Al fin enfrente, amor!