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ANTONIO GARCÍA RODRÍGUEZ

LOS CUADERNOS DEL ESCOLAR
FÁBULA DE LA ETERNA ESPERANZA.
Esperamos a Godot
por si viene a las tabernas
y nos dice
soy Godot.
Vivimos en legiones por el mundo,
plantados en la tierra
como un viejo algodonal en carolina;
es
como si ya harto tiempo presintiéramos
que tiene que venir,
que tiene que llegar con los timbales
y decirnos:
yo soy el viejo Godot.
Y por eso,
cuando la brumosa oleada de nostalgias
pone un broche muy negro sobre el baile,
seguimos
millones de pies y de gargantas,
de sexos juveniles y de angustias,
caminando,
caminando,
caminando
por esperar a Godot,
por si viene Godot para decirnos:
yo soy el viejo Godot.
FÁBULA DE KERIM QUE TENÍA UNA GACELA
Mi casa
da a los patios
donde el amor se vende.
Si tuviera una flor suave de adormidera,
o si el amor fuera un cisne
distinto de los estanques,
temeroso, Kerim,
encerró a su gacela
una tarde de mayo,
clausuró sus miradas con panales de humo,
un collar de mil perlas
para adornar su cuello
y un rubí
casi fuego
para herirle los labios,
pero todo es inútil
que la carne es la carne
y se fue con los otros;
le besaron los labios con el gesto tranquilo,
le libaron la flor que descansa en su vientre,
se sintió
como un cóndor
recorriendo los aires,
y él pensaba
si al poco de nacer me conocieras,
si hubiéramos vivido los años
limpiamente,
los años sin rencor
para nosotros,
pudiera yo decir
tenía trece años
y peinaba sus trenzas para venir a verme.
Y kerim,
como hombre,
tuvo llanto de sangre
recorriendo sus venas.
EL VASO DE LA LUZ VIENE DE LEJOS
defendiéndose el paso -el vaso- por el sueño
duermevela inquietud de lo pasado
la serpiente va reptando sigilo por los ojos
se la puede tocar, llega despacio,
pasar con caricia la mano por el lomo
y florecen los vientos de improviso
-dulces melocotones de la piel no usada-
y nos llega de allende el mar un labio
un gesto
una camisa
de seda
porque seguía ahí, aleteaba
las incólumes veletas de los sueños vividos
y se hincha de viento el parasol inmóvil
y se hace concreto el oleaje,
el yodado murmullo de la mar en calma
como un sabor a beso nos despierta,
suavemente,
nos empuja hacia luces con brillo a madrugada
el cielo sigue azul -enamorado-
y un soplo de jazmines
ilumina
el árbol de mi huerto.
PERO TÚ VAS PIDIENDO
palabras como lentos dromedarios,
-es enorme el desierto-
carcoma de la piel y la ceniza;
ganzúas y estiletes para robar la tarde.
Es el tiempo del llanto,
del sudor y del llanto;
los buitres de la noche te señalan
con el dedo.
Exiges ya
poemas que no puedan leerse en zapatillas
y que sean a un tiempo sonidos y estandartes.
Hace frío en el alma,
graniza soledad y nieva espanto.
No te sirve que diga que anochece,
que en el beso mi piel se desmorona
y el rizo de la mar quiere la espuma.
La prisa te diluvia por el rostro,
se agiganta tu cuerpo sobre el barro,
se te encharca la casa, el huerto, todo
de impaciencia.
ERA EL CAMINO.
Tú, mi blanca paloma
has recorrido
la extensión de mi pecho,
mi labio herido:
cómo pudiera
olvidarte esta noche
aunque quisiera.
De la flor de los años
te levantabas.
Era dura mi vida
sin tu esperanza
mas de repente
creciste como la yerba,
viniste a verme.
Manantial del deseo,
cómo dolía
el paso de las noches
y de los días.
Sólo y sin nadie,
arañando la sombra
por esas calles.
Del jardín de los sueños
a la almohada.
En mi boca la tuya
enamorada.
Era el camino.
Todo tiempo era tiempo
de estar contigo.
EL BRUJO HIZO UN POEMA Y SE INVENTÓ A LOS DIOSES
a gusto del más fuerte de la tribu
y erigió el primer tótem -la catedral, el templo-
que convenía al jefe y aliviaba
el miedo y el terror de los sumisos torpes y alocados.
Y se creyeron todo.
Entregaron su vida como plancton,
como algas y liquen porque engorde
el pez que los engulle y aniquila.
Y bailaron, bailaron, bailaron,
y les llamaron pueblo para darle esperanza
como de dioses nuevos
con interés tan alto que la esperanza nunca
se sintiera
y no estuviera nunca la deuda liquidada.
Y les dijeron luego, futuro, mañanada,
edén y paraíso
y se hicieron pequeños, amilanados, fieles
de héroes y vírgenes, de santos
que no les convenían.
Y la historia empezó a ser la historia
de una decadencia y una entrega
sin condiciones.
Entregamos las armas que tuvimos
a la ley y al orden, nos quedamos
completamente desnudos e inermes, resignados
a vegetar felices en la sucia
e incómoda pocilga que había preparado,
soberbio y sin piedad, para nosotros
nuestro señor, el dueño
consentido.
LOS VIEJOS SACERDOTES DE AMÓN-RA
han sido y son siempre los mismos.
Varía la estrategia.
Y es justo reconocer el mérito
de tantos adelantos
de la historia
que un poco sí ha cambiado
la extensión de la cuerda
que al aprisco nos ata.
¿Pero y la libertad?
Absurda fantasía.
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