info@elacabose.net • Guillermo López Lacomba 

 

 

                                                                                                                                                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ACABÓSE   

 Publicación periódica

con gacetilla literaria

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                    ANTONIO GARCÍA RODRÍGUEZ

 

 

 

 

 

 

 

                    LOS CUADERNOS DEL ESCOLAR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FÁBULA DE LA ETERNA ESPERANZA.

 

 

Esperamos a Godot

 

por si viene a las tabernas

 

y nos dice

 

soy Godot.

 

 

 

Vivimos en legiones por el mundo,

 

plantados en la tierra

 

como un viejo algodonal en carolina;

 

es

 

como si ya harto tiempo presintiéramos

 

que tiene que venir,

 

que tiene que llegar con los timbales

 

y decirnos:

 

yo soy el viejo Godot.

 

 

Y por eso,

 

cuando la brumosa oleada de nostalgias

 

pone un broche muy negro sobre el baile,

 

seguimos

 

millones de pies y de gargantas,

 

de sexos juveniles y de angustias,

 

caminando,

 

caminando,

 

caminando

 

por esperar a Godot,

 

por si viene Godot para decirnos:

 

yo soy el viejo Godot.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FÁBULA DE KERIM QUE TENÍA UNA GACELA

 

 

Mi casa

 

da a los patios

 

donde el amor se vende.

 

Si tuviera una flor suave de adormidera,

 

o si el amor fuera un cisne

 

distinto de los estanques,

 

temeroso, Kerim,

 

encerró a su gacela

 

una tarde de mayo,

 

clausuró sus miradas con panales de humo,

 

un collar de mil perlas

 

para adornar su cuello

 

y un rubí

 

casi fuego

 

para herirle los labios,

 

pero todo es inútil

 

que la carne es la carne

 

y se fue con los otros;

 

le besaron los labios con el gesto tranquilo,

 

le libaron la flor que descansa en su vientre,

 

se sintió

 

como un cóndor

 

recorriendo los aires,

 

y él pensaba

 

si al poco de nacer me conocieras,

 

si hubiéramos vivido los años

 

limpiamente,

 

los años sin rencor

 

para nosotros,

 

pudiera yo decir

 

tenía trece años

 

y peinaba sus trenzas para venir a verme.

 

Y kerim,

 

como hombre,

 

tuvo llanto de sangre

 

recorriendo sus venas.

 

 

 

 

 

 

EL VASO DE LA LUZ VIENE DE LEJOS

 

defendiéndose el paso -el vaso- por el sueño

 

duermevela inquietud de lo pasado

 

la serpiente va reptando sigilo por los ojos

 

se la puede tocar, llega despacio,

 

pasar con caricia la mano por el lomo

 

 

y florecen los vientos de improviso

 

-dulces melocotones de la piel no usada-

 

y nos llega de allende el mar un labio

 

un gesto

 

una camisa

 

de seda

 

 

porque seguía ahí, aleteaba

 

las incólumes veletas de los sueños vividos

 

y se hincha de viento el parasol inmóvil

 

y se hace concreto el oleaje,

 

el yodado murmullo de la mar en calma

 

 

como un sabor a beso nos despierta,

 

suavemente,

 

nos empuja hacia luces con brillo a madrugada

 

 

el cielo sigue azul -enamorado-

 

y un soplo de jazmines

 

ilumina

 

el árbol de mi huerto.

 

 

 

 

 

 

 

PERO TÚ VAS PIDIENDO

 

palabras como lentos dromedarios,

 

-es enorme el desierto-

 

carcoma de la piel y la ceniza;

 

ganzúas y estiletes para robar la tarde.

 

 

Es el tiempo del llanto,

 

del sudor y del llanto;

 

los buitres de la noche te señalan

 

con el dedo.

 

 

Exiges ya

 

poemas que no puedan leerse en zapatillas

 

y que sean a un tiempo sonidos y estandartes.

 

 

Hace frío en el alma,

 

graniza soledad y nieva espanto.

 

 

No te sirve que diga que anochece,

 

que en el beso mi piel se desmorona

 

y el rizo de la mar quiere la espuma.

 

 

La prisa te diluvia por el rostro,

 

se agiganta tu cuerpo sobre el barro,

 

se te encharca la casa, el huerto, todo

 

de impaciencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

ERA EL CAMINO.

 

Tú, mi blanca paloma

 

has recorrido

 

la extensión de mi pecho,

 

mi labio herido:

 

cómo pudiera

 

olvidarte esta noche

 

aunque quisiera.

 

 

De la flor de los años

 

te levantabas.

 

Era dura mi vida

 

sin tu esperanza

 

mas de repente

 

creciste como la yerba,

 

viniste a verme.

 

 

Manantial del deseo,

 

cómo dolía

 

el paso de las noches

 

y de los días.

 

Sólo y sin nadie,

 

arañando la sombra

 

por esas calles.

 

 

Del jardín de los sueños

 

a la almohada.

 

En mi boca la tuya

 

enamorada.

 

Era el camino.

 

Todo tiempo era tiempo

 

de estar contigo.

 

 

 

 

 

 

 

 

EL BRUJO HIZO UN POEMA Y SE INVENTÓ A LOS DIOSES

 

a gusto del más fuerte de la tribu

 

y erigió el primer tótem -la catedral, el templo-

 

que convenía al jefe y aliviaba

 

el miedo y el terror de los sumisos torpes y alocados.

 

 

Y se creyeron todo.

 

Entregaron su vida como plancton,

 

como algas y liquen porque engorde

 

el pez que los engulle y aniquila.

 

 

Y bailaron, bailaron, bailaron,

 

y les llamaron pueblo para darle esperanza

 

como de dioses nuevos

 

con interés tan alto que la esperanza nunca

 

se sintiera

 

y no estuviera nunca la deuda liquidada.

 

 

Y les dijeron luego, futuro, mañanada,

 

edén y paraíso

 

y se hicieron pequeños, amilanados, fieles

 

de héroes y vírgenes, de santos

 

que no les convenían.

 

 

Y la historia empezó a ser la historia

 

de una decadencia y una entrega

 

sin condiciones.

 

Entregamos las armas que tuvimos

 

a la ley y al orden, nos quedamos

 

completamente desnudos e inermes, resignados

 

a vegetar felices en la sucia

 

e incómoda pocilga que había preparado,

 

soberbio y sin piedad, para nosotros

 

nuestro señor, el dueño

 

consentido.

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS VIEJOS SACERDOTES DE AMÓN-RA

 

han sido y son siempre los mismos.

 

 

Varía la estrategia.

 

 

Y es justo reconocer el mérito

 

de tantos adelantos

 

de la historia

 

que un poco sí ha cambiado

 

la extensión de la cuerda

 

que al aprisco nos ata.

 

 

¿Pero y la libertad?

 

 

Absurda fantasía.

 

 

 

 

 

 

Historia de Arcadio ... 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Antologia propia 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carmelo Sánchez Muros

 

Memorias ... 

 

 

 

 

 

 

 

Dante Medina

 

No me agradezcan...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Antología poética

 

 

*Antonio García Rodríguez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Enlaces

 

 

 

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ANTONIO GARCIA RODRIGUEZ