Ofrenda
Si una tórtola negra,
si una virgen bastara.
Si flores, si especias,
si ungüentos, si aceites bastaran.
¡Si fueran bastantes
yeguas y corceles!
¡Todas las caricias y toda la cosecha!
Rieló
Yerto de frío, inhóspitas las nieves,
de las altas cumbres bajó para lograr asiento,
su propia voz, su llanto perfumado,
su cálida presencia, su fruta roja y tibia.
.
Tocó su blanco dedo el lecho de las aguas,
rieló sangre la luna.
Por vértebras y calles,
anegando caminos,
dejó el dolor su larga estela.
Quebranto
Por poder someterle, quererle quebrar
golpearon sus miembros con cuerdas anudadas,
con sogas de esparto y alambres de espinos.
De dos en dos, a duros golpes, en los pies,
repicando, las espaldas; como gotas de lluvia
incesantes, en el pecho y talones.
Con seda de arañas cosieron sus ojos,
con lezna y totora, oídos y labios,
con garras de aves, con cañas afiladas su vientre.
No hubo palabras, segaron su voz,
dejáronle mudo,
de un tajo cortaron su lengua, de un tajo terrible, su sexo.
Y, haciendo de él burla, le izaron en alto,
sortearon sus ropas,
claváronle lanzas,
con sal y vinagre lavaron sus heridas.
Pastor
A apacentar su ganado en el valle de Aram,
a cuidar, como tuyas, sus reses,
a buscar desde el alba las más tiernas hierbas,
pastos verdes, campos limpios de espinos y abrojos,
un regatillo de agua donde calmar su sed,
un reguero de aguas
que no hayan bebido otras fauces,
que no hayan sido con fétido aliento aún corrompidas.
Del león y del lobo,
cuidando sus ovejas en el valle de Aram.
Las hordas
Al séptimo año, al séptimo mes, al séptimo día,
según advertían oscuros escritos,
llegaron del Norte cantando las hordas.
Cubiertos de andrajos,
hombres tenebrosos de ceños umbríos,
armados con horcas y picas, con palos y piedras,
y dioses furiosos luchando a su frente.
Enviamos emisarios,
dulces cortesanas,
caballos y presentes, alhajas de oro.
No opusimos lucha.
No hubieron piedad:
a la séptima vuelta, cayeron los templos,
las torres almenadas,
al sonido del cálamo, paredes y muros.
Uncido
Han llegado, cubiertas en la noche, de lejanos países.
Han cruzado montañas y mares,
conjuraron entre ellas su muerte en secreto.
Una tuvo un desmayo, otra, un desvarío,
otra, una visión,
otra, pálpitos y fiebres, otra había una espada...
Han bebido hidromiel. Han pintado con minio sus ojos,
de púrpura y oro han pintado sus vientres y sus senos.
Han bailado graciosas y lascivas,
han danzado desnudas ante el monstruo, riéndose a voces.
Arrancaron sus ojos, han cegado a la bestia.
Han vencido. Han reinado.
Han pisado su negra cerviz.
Lo han uncido por siempre a la noria.
Llora el monstruo su suerte.
Ha caído de bruces.
Ha lanzado un bramido.
Ha llorado a Beliah.
Cede el vientre a las cinchas,
como fuego el bocado, como sierpes las cuerdas.
Cronos
No fueron los días bastantes,
los plazos anunciados,
mal cerraron el grifo y cayeron
como gotas de agua las horas.
Cubrieron los suelos agujas de pino,
las barbas nevadas de Cronos,
minuteros y flechas, vientres de relojes.
Ni lágrimas hubimos, ni noche siquiera,
tiempo de llorar.
No fueron bastantes los días.
Vinieron, al alba, segando las mieses,
nos hallaron en el lecho callados y desnudos.
Adalides
¡Ah, ved los viejos adalides
volver temblorosos,
cabizbajos y lentos, arrastrando el paso!
¡Vedlos marchar en fila de uno!
Cómo se someten, cómo abaten mirada,
cómo huyen a los lobos,
cómo ceden el paso a las hormigas.
Vedlos disputar un lugar en la lumbre,
¡Cómo inclinan su frente!
¡Cómo se prosternan!
¡Cómo claman piedad,
infligiéndose heridas, mutilando sus miembros!
Hembra
Semejante en todo a la aurora, igual en todo al alba,
coronada de mirtos y de bayas del bosque,
tan sólo las aguas más claras corrieron su cuerpo, osaron cubrirla.
Como huevos de alondra, como flores silvestres sus senos,
como duna de arena, como espejo de azogue, su vientre,
¡una selva umbría, un tizón en llamas, orquídeas y almizcle, su sexo!
Es la morada más oscura. De negro azulean sus negras guedejas,
como mar en calma, azules, sus ojos.
Lleva un áspid en su pecho, dos sierpes enroscadas en sus brazos,
a sus plantas, panteras y leopardos; tocando su frente, palomas.
¡Todo lo que ella toca florece, todo lo fecunda!
¡Allá donde pasa germina la tierra.
Ni alondras...
¿Te conozco? Te he amado.
Llevabas en un cesto de mimbre tus aguas y mis aguas.
Tan lejos, mas dentro de ti,
en ti, he agotado palabras y ternura.
He escrutado tus sombras y las mías.
Con el lobo he aullado en la noche,
con la alondra he crecido,
he urdido mil cantos en el alba.
Atada por la voz, cercada por los ayes,
más fija que entre brazos,
segura que entre yerros,
ahora,
ni alondras ni lobos te dejarán marchar.
Eliana
Ajeno a cuanto ocurre,
a los días sin luz, a los años pasados,
a las yedras que ciegan y obstruyen tus puertas,
preguntas en secreto qué fue de Eliana.
Desdeñando inciertas conjuras,
rumores de nuevos desastres,
lamentas y lloras, tan sólo, su huida.
Le diste un arco de hierro, un peto de hierro,
flechas como sierpes,
un escudo oblongo,
una espada corta de acerada punta,
un mapa con todos tus nombres.
Intacta
Haya grandes alaridos.
Sucumban lacayos y reyes al tumulto.
Llore en sístole cerrado, el corazón macho,
lacere las carnes tenazas y cinchas de cuero:
con yerros y grilletes los cuerpos tullidos.
Gima, en diástole asombrada, el corazón hembra.
Pues cerramos los ojos,
pues nos quisimos al margen de horrores y sangre,
pues hubimos a la postre terror:
reinen sobre el pueblo execrables criaturas.
Contaminen las aguas las heces,
incendien los fuegos los bosques,
caigan las murallas,
salgan hombres y bestias, a la noche, gritando.
Menstrue en vano intacta por siempre, la diosa.
Columnas
Una vez más, ignoraron tu voz.
Hicieron mofa de ti, arañando tu rostro.
Porque, encadenado, cubierto de gruesas cadenas,
sujetos los pies con grilletes de bronce,
cosido con cuerdas y astillas,
perdido en ensueños,
ni grotesca quijada de asno
ni arma alguna empuñaste.
Aullando de rabia,
no pudiste mover las columnas,
derrumbar el templo,
morir con pudor.
¡Al cabo, bufón, ni sombras, pudiste!
Sea el mal
Sea el mal.
Sea el mal emboscado en las hierbas.
La hiena salaz. Sea el tigre acechando tu paso.
Sea la boa, sea la anaconda, sea la serpiente.
Sea el áspid, la cobra de bífida lengua.
Sea el azor, el cuervo y el buitre.
Sea la tarántula, sea el escorpión,
Sea la araña aovando en tus ojos.
Sea la zorra taimada guardando las aves,
el lobo de fauces manchadas cuidando al cordero.
Sea Beliah, Khali y Ormuz.
Sean los monstruos que habitan la mar.
Sea la noche.
Sea el Leviatán.
Venga la vieja con hoz y guadaña.
Venga a cobrarse su deuda la muerte.
Cetrería
Volando con las aves. Con el halcón volando.
Llevado por los vientos. Como un río, el aire,
como un río caliente que empuja y que te eleva
para caer dejarte. Cautivo,
con ojos tristes oteas el horizonte:
allí los verdes prados, allí los alcornocales,
allí nevadas cumbres, allí sordo clamor,
allí arena y dunas.
Allá en lo bajo, de pánico clavada,
allí tu presa.
Estremecida, queriendo disolverse con las sombras,
tiembla. Terrible y solo,
desciendes
en círculos perfectos.
Dominio
¿Qué cárceles,
se dispusieron a albergar tu dolorida pena?
¿Qué zulo, qué umbríaprisión,
qué negros pasillos tu noche más honda?
¿Qué paredes, tu amargo secreto?
Pues aquí te hallo, dime:
¿vinieron inmundas criaturas a postrarse?
¿Del Tártaro
las bestias a lamerte los pies?
¿A besar con dulzura tus llagas?
¡Reclina tu frente!
¡Deja de sollozos
y duerme por siempre tu sueño de azogue!
Aherrojado: túneles y sombras son tu oscuro dominio.
Alianza
En vano has tendido tus puentes,
después de la lluvia, ofreciste tu pacto,
creaste mezclando colores un arco de luz.
Pues alguien se agarra las sienes y entona un grito:
en vano tus puentes,
en vano ofreciste alianzas.