I ADVERSA LUZ DEL ALBA
No nutre que amarillea
la tenue luz del otoño.
Los árboles se desnudan,
rinden lanzas las alamedas.
Cubre la tierra de hojas
un viento de la Gestapo.
Como un ladrón, a tientas,
marchaste, dejando apagadas las luces.
Fábulas de ríos, hacia el sol poniente,
sin hacer ruido, sin dejar señales,
borrando tu rastro mientras caminabas:
ramitas de olivo, hojas de aligustre.
Es así que no pude cruzar,
que el agua me detuvo
al lado equivocado de la orilla.
Que ya no hube camino.
Agotaron su ciclo los astros.
Ya no hay sol. Ya no enveran la vides.
Ya no doran los trigos.
Ya no hay alba, no hay luz.
No hay mano ni umbral que te acojan clementes.
Ya no hay voz que te nombre.
Ya no hay luz para ti. No hay luz para nadie.
En vano encendiste esta noche una llama,
has abierto ventanas y postigos.
Estancado, ¡que no a la deriva!
Mi barco partido en dos.
¡Cogido entre dos relentes!
¡Las aves despavoridas!
¡Roncos los gallos del alba!
Bate la puerta el viento.
Me alzo del lecho y acudo
a ver quien llama.
Aterido, en el umbral,
busco una seña de vida:
un perro ladrando en el camino,
la huella de un pie marcada sobre el barro.